| CRITICAS | ||
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Medio
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| Por Blanca Monzón La textura del pensamiento |
Mayo / 2008 | |
| Por Alvino Dieguez Videla Mil ideas sobre tela |
Diario La Prensa / Buenos Aires / 16 de Marzo / 2008 | |
| Por Diana Saiegh |
Julio / 2005 | |
| Por Graciela Hasper y Julio Sánchez |
2003 | |
| Revista Caras / Buenos Aires / Septiembre / 2003 | ||
| Diario Clarín / Espacio Joven / Buenos Aires / Marzo / 1991 | ||
| Diario Clarín / Buenos Aires / Agosto / 1990 | ||
| Diario La Prensa / Buenos Aires / Junio / 1989 | ||
| 1990 | ||
| Diario La Prensa / Buenos Aires / Agosto / 1990 | ||
| Diario La Nación / Buenos Aires / Agosto / 1990 | ||
| Por
C.M. Tres muestras en Marienbad |
Diario El Cronista Comercial / Buenos Aires / Junio / 1989 | |
| Por
Blanca Monzón La textura del pensamiento ------------------ Mayo / 2008 Blanca María Monzón. Licenciada en Filosofía y Letras. Crítica de Cine y de Arte. Curadora Independiente. Dr. del Dpto. Audiovisual del Centro Cultural Borges. Secretaria General de Cronistas Cinematográficos de la Argentina. Miembro del Dpto. de Investigación y Crítica se SIGNIS Argentina. |
Las
relaciones de significado entre las palabras, las imágenes y las
cosas ha sido un problema filosófico y lingüístico,
del que se ha ocupado el arte contemporáneo, trabajo, que a veces
con mucho riesgo y pasión ha demostrado, que las cosas no son sólo
lo que son, las palabras lo que dicen y las imágenes lo que muestran.
Sus significados se cruzan, se vacían o se fugan, en una compleja
trama en la que interviene la propia intención del que habla, escucha
y mira. El lenguaje no es ni inmóvil ni objetivo, sino que está
dotado de un carácter hermenéutico y de una sensibilidad
poética, que lo lleva a un cambio continuo y a transformaciones
que revolucionan al propio pensamiento y a nuestra percepción del
mundo.
Gabriel Lópéz Santiso llama a su obra Pinturas. En principio, porque elige no nombrar, y en segunda instancia, porque para él el arte es la diferencia entre lo que piensa, y lo que puede hacer a través de dos elementos: tela y acrílico. Paradójicamente, la forma de comunicarse es deformar los signos, a partir de símbolos e imágenes con formas imprecisas, en el que lo objetivo y lo subjetivo tienden a unirse, en una estructura donde predominan el ritmo y el color. Y donde el universo es un orden espacial puro, una especie de eternidad siempre presente, actualizada y escindida de cualquier noción temporal. La pintura es también su forma de vida, y el instrumento, que le permite reorganizar el orden interno y al mismo tiempo reconstruir la realidad. Esa realidad tiene mucho de “road movies” en ciudades imaginarias. Porque las formas que penetran el espacio, se parecen a laberintos, pero son caminos, senderos que se bifurcan, que nunca terminan y se entrelazan para volver a reaparecer. Representados como los fotogramas de una película, que bien podrían ser una remake en texto pictórico, de “Bonny and Clyde” o Thelma & Louise”. Pero con música de Miles Davis, Charlie Parker, John Coltrane o Jimi Hendrix. Siempre en un día de sol, con mucha luz, porque en su pintura no hay sombras, es el color y la textura, los que juegan y se imponen. La obra de López Santiso comparte con el Jazz el trabajo con la libertad de la improvisación, su ritmo cambiante y cierta dificultad para definirla. En la mayor parte de los casos se ha abordado el estudio teórico del Jazz desde los principios de la música clásica, y por musicólogos europeos, y éste se resiste a ser abordado fuera de su propio universo, sólo su audición permite comprenderlo. De igual manera, “La textura del Pensamiento” se explica así misma, sólo por medio de la experiencia de su contemplación. Sus características principales son el ritmo generado por el movimiento de una penetración continua y la alternancia o superposición del púrpura de dioxadina, del rojo de cadmio, del amarillo, del naranja o del azure blue que producen gran tensión emocional, y al mismo tiempo nos transportan a una geografía más cálida, quizá de matriz negra. Su obra lo confirma, cuando recorremos con la mirada esas impactantes formas arcaicas y percibimos una profunda carga energética, que da cuenta de un estilo fuerte y libre de ataduras. Cabe destacar dos referentes: La vinculación con el origen de su obra pictórica, cuya imagen alude a la iconografía del arte indígena americano, producto de una estadía de nueve años en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos, donde cursa una maestría en el Art Institute, espacio que despierta en él, una preocupación por investigar acerca de las representaciones de las culturas aborígenes. Y ya en un terreno de carácter especular: Gabriel reconoce en el espejo una pertenencia de linaje indígena. Esto intentaría explicar el uso de ciertos colores y su pasión por el Jazz. La obra de Gabriel Lopez Santiso manifiesta una estructura repetitiva, cuyo preci-o-so contenido adhiere a una lógica deleuziana. En ella hay un sujeto latente que se repite a sí mismo, formando otra repetición en el corazón de la primera. Parafraseando a Deleuze en “Repetición y diferencia”, diremos: “que esta otra repetición no es en ningún modo aproximativa o metafórica. Es por el contrario, el espíritu de toda repetición…. Esta repetición constituye la esencia de la diferencia… ella es el sentido primero, literal, espiritual de la repetición.” Pero el interior de esa repetición se encuentra siempre afectado por un orden de diferencia, que marca a su vez el procedimiento elegido, dando cuenta de la fuerza de su estilo, y de la energía de su espíritu. Esta es la mayor conquista que explicita su obra, tanto en el sentimiento, como en el pensamiento. Y tanto para el sentido como para el sinsentido. |
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| Por
Alvino Dieguez Videla Mil ideas sobre tela ------------------ Mayo / 2008 |
La
experimentada labor de Gabriel López Santiso va por un camino en
que coinciden sus ideas estéticas con una variada cantidad de referencias.
Los acrílicos actuales parecen collages que se relacionan con los
históricos constructivistas rusos y hasta con los diseños
textiles de Sonia Delaunay, y por ese encanto reminiscente, son obras
que se miran con mucho detenimiento y que sostienen la indagación
a fuerza de un inédito acompasamiento de color. |
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| Por Diana Saiegh --------------------- Julio / 2005 |
El pintor Gabriel López Santiso nos abre con
su muestra un mundo de imágenes, colores y formas casi mágicas.
Este artista argentino, que nació en San Isidro en los años
setenta, presenta sus trabajos por lo iconográfico, por una particularidad
combinatoria cromática y por el ingreso al universo más
profundo, original y esencial del ser humano.
Las formas pictóricas de López Santiso, se presentan a través de una serie de figuras arquetípicas que nos recuerdan a los pueblos originales y a los estados del sueño. Lo instintivo, lo primitivo y lo no racional aparece con fuerza en cada una de las obras. Gastón Bachelard, en su libro "La poética del espacio" dice: "Cuando los metafísicos hablan poco, pueden alcanzar la verdad inmediata, una verdad que se desgastaría por las pruebas, entonces se puede comparar a los metafísicos con los poetas, asociarlos a los poetas que nos revelan en un verso una verdad del hombre íntimo", y cita a Jaspers Von der Wahrheit "Jedes Dasein scheint in sich rund": "toda existencia es redonda". Así, sin comentarios, Van Gogh ha escrito: "La vida es probablemente redonda". Más adelante Bachelard afirma: "Si es posible una fenomenología del encadenamiento de las ideas, debe reconocerse que no podría ser una fenomenología elemental: este es el beneficio de elementariedad que encontramos en una fenomenología de la imaginación". Este joven pintor residió desde mediados de los noventa en San Francisco (EEUU), donde obtuvo un Master en Fine Arts del San Francisco Art Institute. Se ha dedicado tanto a la pintura como a la investigación visual en diversos medios como el digital, el campo poético, la música y la tensión psicogenética. Esta experiencia le ha permitido acercarse a importantes y diversas colecciones del arte occidental, que han influido en su obra. Los temas latinoamericanos, la referencia a la cultura indígena y original, y el acceso a mundos desconocidos, se hacen presente en el trabajo de este artista, a través de una explosión de color y formas. Los sugerentes títulos de las obras se combinan con una pintura enigmática, poética y provocadora. En la recorrida por la muestra, hasta el visitante más desprevenido se verá sorprendido por los impactos de color que nos acerca López Santiso. |
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| Por Graciela Hasper y Julio Sánchez --------------------- 2003 |
Después
de una larga estadía en el exterior, Gabriel López Santiso
vuelve a exponer sus trabajos en nuestro país. Este artísta
asomó a la escena artísica local a principios de la década
del noventa con una particular repercusión en el público
y la crítica especializada. |
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| Por |
Hace
unos diez o doce años conocí un conjunto de pinturas de
Gabriel López Santiso. Por aquel entonces utilizaba una serie de
signos y símbolos de su creación que aludían a una
temática americanista. Su paleta era baja y traducía una
mirada melancólica, tal vez triste.
Los años han pasado, el artista vive desde mediados de la década del '90 en San Francisco (USA) donde ha obtenido un master en el San Francisco Art Institute en l998. Su pintura no es la misma; pero, si bien ha variado, en lo sustancial mantiene una continuidad. Ahora su paleta, siendo cálida, se ha levantado y su pintura denota una mayor libertad al convivir en ella formas y microformas de diferentes características. En esa mayor audacia expresiva, Gabriel López Santiso ha desarrollado una visión personal en la que su lenguaje plástico se ha enriquecido con transparencias, veladuras y la elaboración de diferentes texturas, que incluyen la incorporación de clavos, sogas, y otros elementos empleados con sentido plástico. Esas texturas, de rica materia, responden, también a un color pacientemente elaborado en sucesivas capas que interactúa con formas seccionadas y fragmentadas preferentemente curvas. Crea de ese modo, estructuras dinámicas, por momentos seriadas, que actúan por repetición o reiteración, dando origen a espacios laberínticos valiéndose, incluso, del escorzo. En algunos casos, esos desarrollos provenientes de una concepción abstracta terminan por aludir a formas con ciertas reminiscencias orgánicas indiscernibles. Se pueden entrever flores que tienen un sentido constructivo. (No hay que olvidar que Bacon definía al arte como naturaleza más hombre). La
luz es otro elemento utilizado por el artista como una irradiación.
La utilización de fluor le da una particular vibración.
Aunque se valga de elementos no pictóricos e incluso, aún,
antipictóricos, López Santiso reivindica el poder expresivo
de la pintura, tratando de extraer de ella la Cierto dramatismo que, en algunas obras se trasluce más que en otras, pernitiría una lectura en la que la liberación del inconsciente actúa como un puente entre el mundo interior y su compleja trama de afectos y represiones y el "orden" exterior con sus incitaciones, adhesiones y rechazos. En suma, López Santiso, con su pintura, rica en alusiones y en densidad psicológica, nos ofrece un amplio registro perceptivo que pernmite lecturas diversas. No sería equivocado, tal vez, situarla como una original versión de un neobarroco americano actual, presente en la cultura de nuestros días con auténtica validez. |
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- Estudié en la Escuela Nacional de Bellas Artes P. Pueyrredón. De allí egresé en 1986 con el título de profesor nacional de Pintura. También asistí a los talleres de Aurelio Macchi y de Inés Bancalari. Con posterioridad a mi graduación realicé estudios de prefeccionamiento con el Prof. Teodoro Craeim. - ¿Qué influencias destacarías? - De alguna manera todo lo que he vivido me ha influenciado, pero debo destacar que algunos músicos -Brahms, Beethoven, Stravinsky, Mozart, Coltrane, Cage- y escritores -Rimbaud, Joyce, Kierkegaard, Nietzche- me han impresionado vivamente. Yo venía de una formación europea pero no estaba conforme con el orden establecido. Me interesaba todo lo que fuera romper con ese orden y al mismo tiempo poner los pies en la tierra de nuestros ancestros, rescatar todo lo que el ser humano ha perdido o lo que tiene reprimido para sacarlo afuera, a través de la pintura. - ¿Podrías señalar, entre los nombrados, algún caso paradigmático de esa actitud que intentas canalizar en tus pinturas? - Es el caso de John Coltrane, quien se mantiene firme bucéandose, siendo sincero consigo mismo. Este saxofonista estadounidense, de raza negra, mantiene un fuerte contacto con la tierra, rescatando un sentimiento metafísico y la conciencia cósmica, el hecho de ser parte del universo. - ¿Cuáles son los pintores que sentís más próximos a tu obra? - Tamayo es como un maestro para mí. Al ser hijo de indios, está conectado con el centro de la tierra. También me siento próximo a Matta, Lam y De Syslo. - ¿Cuáles son los rasgos que caracterizan tu imagen plástica? - Cuando egresé de la Escuela, y luego de probar de todo, "saltó" una imagen que posteriormente consideraría propia. Hay en ella como estallidos de elementos precolombinos, un buceo de sus raíces, un intento de captar la intensidad del mundo prehispánico. También se podrían encontrar símbolos de un inconsciente colectivo como la flecha o la mano que, en mi caso, incluye la referencia al dolor de querer aferrarse a algo. Creo que, en general, el mundo al que aludo es un mundo secreto, un mundo de veladuras. - ¿Cómo se encuentra el espectador reflejado en este mundo secreto? - Si bien el cuadro es un medio impenetrable es también como un espejo que nos mira y nos refleja. Nos mira sin ojos o, quizá siendo todo ojos. Me interesa que el espectador sienta ese vacío en las miradas. - ¿Sería esta una de las principales funciones del arte? - Prefiero no usar la palabra arte porque creo que el arte, como tal, es inalcanzable y, si lo alcanzamos, ya está muerto, ya no se busca más. Si a veces empleo la palabra es por pura comodidad. En cuanto a sus funciones, creo que solo las podemos ver retrospectivamente. Yo acostumbro archivar mis obras como si fueran tapas de casas de discos. No les asigno ninguna función. Esta depende del azar, que podría convertirlas en artísticas, decorativas o bien, destruirlas. Lo único que me interesa es pintar -y escribir-, pero no por el resultado sino por el hecho de pintar, porque me pone con las antenas siempre orientadas a nuevas posibilidades. |
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| Por
Enrique Horacio Gené Cuando los totems hablan de piedad ------------------------ 1990 |
Una mañana golpearon a las puertas del alma de
Gabriel López Santiso legendarias visiones de tiempo idos. Por
momentos imágenes de la América precolombina, de a ratos,
iconografías de otras latitudes, de diferentes culturas; todas
imprecaciones a distintos dioses (o al mismo bajo diferentes nombres).
El las asume y las totemiza, que es una forma de viabilizar la quimera,
las escondidas estructuras de esos hacedores de milagros a quienes el
hombre, en tan distintos idiomas, le elevó preces desde su soledad. |
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Por Rosa Faccaro Búsqueda ---------------- Diario Clarín Buenos Aires Agosto / 1990
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En la obra de Gabriel López Santiso expuesta en la galería Sisley, Arenales 834, hallamos este planteo. Como hacedor de símbolos el artista condensa una energía que busca en sus proyecciones. Es a través del ícono que el hombre encuentra en la representación esa sustancia que alude a una realidad ausente. Las construcciones de López Santiso tienden a una liturgia convocante. Maderas, cartones y telas, con un ensamblado a modo de mandala, responden a imágenes arquetípicas con la idea de centro. Un origen remoto, quizá precolombino, está presente en el espíritu de iconicidad. Fluyen así las grafías que cubren el especto de un silabario, todas ellas dentro de un repertorio americano sin distinciones. Estas obras contienen una materia rugosa de cromacidad baja y saturada. La luminosidad de naranjas y magentas asoman de un entramado que encasillan una heterogeneidad de signos, entre los que vemos la rueda dentada y radiante, la espiral, el relámpago, y espinas triangulares. Una visión geométrica nos remite a un Joaquín Torres García y su constructivismo, pero más cromatizado. El color con sus encendidas texturas nos recuerdan a un Rufino Tamayo o Wilfredo Lam. No hay duda que este joven artista ha superado ampliamente los postulados plásticos de su anterior muestra, encontrándose ahora, en esta serie de trabajos una fuerte unidad conceptual, y un nivel plástico de indudable interés. |
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Si ya en su muestra anterior López Santiso nos interesó, y lo dijimos en esta página, creemos que ahora ha encontrado un nuevo punto de partida, una mayor relación entre la pulsión y el discurso expositivo. Desde este punto el pintor puede sedimentar su lenguaje de una originalidad ya destacable. Expone en la galería Sisley. |
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En Sisley, Arenales 834. |
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En las telas de la sala más chica de Marienbad -donde expone- está de más la inclusión de polietileno que dificulta la lectura y nada "suma", más bien "resta". |
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Y en la planta alta, en la que es su primera exhibición individual, un muchacho bastante más que promisorio, al que sin conocer diría que conozco, tan elocuentes me resultan sus pinturas. Que me señalan un mundo interior muy rico, en constante mudanza -¿búsqueda?- algo melancólico en sus gamas bajas, y también enlazado a un movimiento que no se da tregua, pero que lejos está del caos, administrando equilibradamente la composición y la organización de la tela, a la que, en algunos casos, recubre y desgarra con una casi opaca lámina de plástico, que se entreabre para mostrar aun más profundamente lo que se ve, y que invita a aprender el único viaje que, estéticamente hablando, vale la pena, el de la aventura del descubrimiento. Calmos en apariencia, dinámicos en su calidad de proeicos, ya con semillas de restallante madurez, tales son los trabajos de Gabriel López Santiso. Empieza a andar por el territorio de las artes visuales, y ya ha sido capaz de trazarse un camino propio. Lo demás lo dirán el tiempo, y la firmeza de su vocación y de su trabajo. El, por su cuenta, tiene muchísimo que seguir diciendo. |
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